«La naturaleza disruptiva de la escucha» por Hildegard Westerkamp

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Conferencia magistral impartida durante el International Symposium on Electronic Art (ISEA), en Vancouver, B. B. Canadá, el 18 de agosto de 2015. (NOTA: Da click aquí para ir al original en inglés)

Resumen

Una verdadera situación de escucha no puede desarrollarse a través de la fuerza. Emitir la orden de escuchar –¡ESCUCHA!, es una orden que todxs hemos oído y experimentado–, sólo garantiza su cierre, un alejamiento, un estado de sordera, e incluso, posiblemente, produce un trastorno permanente a nuestros canales de escucha, los cuales alguna vez estuvieron más abiertos. Dicha orden, la percibimos tal y como lo hacemos con cualquier otro sonido que nos molesta, que nos perturba, que nos hiere, o que nos lastima: dicha orden nos avergüenza e intentamos bloquearla, darle pelea, deshacernos de ella, pero incluso al hacer todo lo anterior, seguiremos sin escuchar.

Por naturaleza, la escucha es un proceso delicado y de apertura continua. Generalmente, sabemos cuándo estamos en dicho espacio de receptividad perceptiva, y también sabemos cuándo lo hemos perdido. La escucha nunca es estática, no es posible atraparla y, en efecto, es necesario buscarla una y otra vez.

La escucha es disruptiva por naturaleza. Paradójicamente, mientras que un estado de calma y de arraigo mental, junto con la paz y la relajación, son todas esenciales para dirigirnos hacia un despertar perceptual, con lo cual se produce una disposición y un deseo por abrir nuestros oídos, es también gracias a tales estados que las rutinas cotidianas, nuestros hábitos y nuestros patrones, se subvierten y se desnudan; sus ruidos y su incomodidad será percibida inevitablemente, y así, se develarán y agitarán todo tipo de experiencias. Escuchar implica, en verdad, la disposición a encontrarnos con lo impredecible y lo imprevisto, para dar la bienvenida a lo que no es bienvenido. ¿Cómo logramos tal situación de escucha? ¿Por qué habríamos de anhelarla?

Quisiera dedicar esta charla a John Hull, autor del libro Touching the Rock: An Experience of Blindness. Él abandonó este mundo el día 28 de julio. La noticia de su muerte, me recordó una charla extraordinaria que ofreció durante 2001 en Reino Unido, para un congreso sobre sonido, cultura y ambiente. Al igual que su libro, la conferencia trató esencialmente sobre sus vivencias al quedarse ciego a los 40 años. Su charla no fue un “discurso impreso” –es decir, no leyó texto alguno–. Fue a través de la expresividad y la entonación de su voz, con lo que añadió otra dimensión de profundidad a sus palabras, las cuales produjeron una extraordinaria atmósfera de escucha en la sala. Él era un orador de verdad, en el sentido sonoro del término. Hablaba con todo su ser. Permítanme leer algunos fragmentos de aquella conferencia:

Yo no estudio el sonido. Vivo en el sonido.

Para el caso específico de oír aprendí que, en realidad, ustedes no escuchan sólo con sus oídos, sino con todo su cuerpo.

Los sentidos tienden a establecer la división sujeto/objeto. Sin embargo, cuando ustedes miran de verdad, son absorbidxs por aquello que miran. Es lo mismo cuando oyen y cuando escuchan. Ustedes no son conscientes de estar a la escucha, pues son absorbidxs por aquello que escuchan, y así, desaparece la distinción sujeto/objeto. En otras palabras, ustedes escuchan con su corazón, pues se vuelven unx con el sonido. El sonido está dentro de ustedes, el sonido son ustedes. La ceguera me ha enseñado todo esto, y le estoy agradecido.

Es muy interesante que palabras similares provengan de la percusionista sorda Evelyn Glennie, cuyo único objetivo en la vida, tal y como ella lo expone en una charla TED, es enseñar al mundo a escuchar, a escuchar con todo el cuerpo, para aprender a sentirlo como una cámara resonante. Cuando ella ejecuta obras musicales –quizá algunxs de ustedes la han escuchado–, pareciera que está, literalmente,  dentro de la música, y que con todo su cuerpo siente las vibrantes ondas sonoras que provienen de las frecuencias y de las alturas tonales. Mi reto de hoy en esta sala es crear una atmósfera de escucha similar. Dicha tarea no es muy diferente de la composición, la cual siempre nos enfrenta, por supuesto, a un reto muy parecido.

Ejemplo sonoro 1: Like a Memory: recordando con palabras.

En este momento estoy —estamos— aquí en Vancouver, Canadá. Hoy es 18 de agosto de 2015. Estamos juntxs en esta sala. En realidad, podríamos estar en cualquier lugar y en cualquier zona horaria, y podría ser cualquier época del año, y cualquier momento del día o de la noche. Ya sea que escuchemos, miremos, olfateemos o toquemos esta sala, no habrá ninguna característica esencial que nos ofrezca una clave para saber en qué ciudad nos ubicamos. Su arquitectura es la de un no-lugar, y es similar a una sala que podría hallarse en cualquier ciudad del mundo. En esta sala, escuchamos el paisaje sonoro global y típico que de genera al interior de cualquier espacio institucional o corporativo.

En toda la ciudad y fuera de esta sala, al anochecer, se escuchará un sonido muy característico de Vancouver. Dudo que logre penetrar en este espacio. Tiene un volumen muy alto, y se localiza en el puerto que está no muy lejos de aquí.

Ejemplo sonoro 2: Sirena O Canada, a lo lejos.

Me refiero a la sirena O Canada, una marca sonora exclusiva de Vancouver. Al escucharla, sabemos que estamos en Vancouver. Un gran número de sirenas para niebla (foghorns), sirenas para trenes, silbatos para fábricas, y sirenas para barco que caracterizan a nuestro paisaje sonoro local, fueron diseñadas por Robert Swanson, hoy fallecido, y por su compañía Airchime. Sobre este tema hablaré más adelante…

Hoy, el título de mi presentación es La naturaleza disruptiva de la escucha, al cual seleccioné con la intención de producir un cruce entre el tema de este año del ISEA, la disrupción, y mi relación a lo largo de la vida con la escucha, los estudios de paisaje sonoro, la ecología acústica y la composición con paisajes sonoros.

Cuando me refiero a la naturaleza disruptiva de la escucha, concuerdo con Michael Stocker, quien escribe: «Nuestra experiencia con el sonido, se despliega como un ahora continuo.»

Si abrimos nuestros oídos a experimentar al sonido como el desarrollo de un ahora continuo, hemos de incluir, inevitablemente, el abrirnos a lo sorpresivo, lo inesperado, lo complicado, lo inquietante, al ruido o a la  potencial incomodidad del silencio. Con lo anterior, invito a que permanezcamos durante un tiempo con cualquier sonido, sin importar las reacciones que éste nos suscite.

Sin duda, todxs hemos sentido incomodidad ante la exposición a paisajes sonoros desagradables, o bien, a  la de nuestra inquietante verborrea interna. En tales ocasiones, hay que decidir entre abrir nuestra escucha más allá de lo tácito de dicha incomodidad para modificarla de alguna forma —y eso es a lo que llamo la naturaleza disruptiva de la escucha—, o bien, tratamos de ignorarla y de acallarla psicológicamente —cuando un sonido está próximo a molestarnos y estresarnos, es precisamente porque tratamos que nuestros cuerpos y nuestros oídos, callen algo que perciben y reciben continuamente—.

Ejemplo sonoro 3: Ruidos de la construcción y yoga.

La experiencia de escucha que mencioné anteriormente, enfatiza que aprendamos a comprender cómo escuchamos, para que el acto de escuchar nos conecte con nuestro mundo interior, y desde el cual —a su vez—, emanará alguna forma de inspiración. La escucha no puede forzarse. Más bien lo contrario: la escucha es de verdad receptiva cuando se origina en un espacio interior de cuidado y de seguridad, y sin amenazas. Dicha forma de escucha es inherentemente disruptiva, siempre que produzca torceduras en los flujos normales del tiempo, y en nuestro comportamiento habitual en la vida cotidiana.

Desde dicha posición, estaremos mejor preparadxs para lidiar con los retos ambientales, sociales, y políticos de esta década. La intensa presión que ejerce lo corporativo para que sucumbamos a su percepción temporal de 24/7, amenaza con desestabilizar nuestros ritmos vitales más hondos y más profundos, y cuando esto se logre, se extenderá hasta que genere una disrupción nociva a las condiciones biológicas, ambientales, y ecológicas del planeta Tierra. De ahí que las palabras de Jonathan Crary refuercen el por qué necesitamos, urgentemente, herramientas creativas y contundentes para enfrentar esta tendencia.

El 24/7 quebranta, continuamente, las distinciones entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad, y entre la actividad y el reposo. Es una zona de insensibilidad, de amnesia, y de todo lo que nos niegue la posibilidad de sentir… El planeta deviene un lugar reimaginado para el trabajo incesante, o bien, se asemeja a una plaza comercial siempre abierta, de opciones infinitas, de tareas, de elecciones y de divagaciones. Lo insomne es, entonces, un estado en donde producir, consumir y desechar, ocurren sin pausa, lo cual acelera la extenuación de la vida y la reducción de todos los recursos.

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Crédito de la foto: Hildegard Westerkamp. La imagen se tomó de una estación del Vancouver’s Canada Line. (Traducción aproximada: “Menos tiempo para la siesta, más tiempo para las apps“).

Como artistas, no podemos evitar dicha situación, pero sí reconocerla. Es nuestro destino el expresar aquello de lo que nos damos cuenta, expresar qué nos mueve dicha situación. Así, seremos quienes alborotan, quienes producen una disrupción al flujo de la normalidad.

Cuando trabajamos con el sonido, nos involucramos, por naturaleza, con el fluir del tiempo, y con las cualidades sonoras de cualquier periodo temporal. De ahí que podamos ser lxs interceptorxs idónexs del estilo de vida y del flujo temporal 24/7, continuamente arrítmico y zumbante.

Ejemplo sonoro 4: emisión, Canada Place.

Escuchen las emisiones de este edificio en la Canada Place. Aunque su sonido es muy atractivo, termina por sumarse a un zumbido en donde se mezclan todas las emisiones sonoras de los edificios citadinos. Durante las claras noches veraniegas, puedo escuchar esta mezcla desde mi patio trasero, parecido al zumbido de una fábrica cercana.

Ejemplo sonoro 5: Sirena del tren de Vancouver.

En esta grabación de 1978, obviamente fue un deleite escuchar la sirena del tren, ¡pues por coincidencia rompió el soso zumbido urbano, después de que yo realizara un comentario sobre ella! Sin embargo, el sonido de la sirena, que se escuchaba cada noche alrededor de las 9 p.m., ha desaparecido del paisaje sonoro. La Canadian Pacific Railway, la CPR, hace 15 años detuvo el tránsito ferroviario para alivio de quienes viven a lo largo del corredor Arbutus. No obstante, esta semana se intensificó una antigua controversia, pues la CPR pugna por reactivar su hoy dormida línea de rieles. ¿Escucharemos otra vez la sirena del tren? Si así fuera, su sonido en el contexto actual, indicaría algunos problemas aún no resueltos.

Permítanme volver a lo que denominé, en la grabación anterior, un rugido citadino. El control artificial del aire y de la luz, es hoy una cuestión integral en el diseño de los enormes edificios modernos, lo cual implica un excesivo uso de energía. En términos sonoros, esto se traduce en zumbidos eléctricos producidos por la iluminación artificial, así como en sonidos de amplio espectro generados por el aire acondicionado, ambos provenientes del interior de los edificios, y de todo su sistema de emisión sonora hacia el exterior. La internacionalización del diseño urbano no sólo genera monotonía visual, sino también sonora. Una enorme y siniestra extensión acústica de dicha monotonía, es la llamada música funcional o música de fondo (mood music), la cual se escucha en muchos edificios alrededor del mundo, y cuyo propósito explícito es incrementar las ganancias monetarias.

Ejemplo sonoro 6: muzak en Oakridge

El aire acondicionado y la música son controladas, por lo general, de forma centralizada. Intentar hacer algún cambio a dichos sonidos, o apagarlos, se convierte en toda una travesía que revela capas y capas de burocracia, y de la organización centralizada en el diseño del edificio. No es sorprendente, entonces, que estos abrumadores paisajes sonoros llenos de zumbidos y de garabatos musicales, sean generalmente aceptados como algo normal en el interior de un edificio corporativo, fenómeno al que me permitiré llamar nuestro “nuevo silencio”, el cual se contrapone a los ruidos exteriores de la calle y del tránsito vehicular.

Sólo cuando experimentamos el apagado súbito de dichos sonidos en los edificios, es que generamos una sensación visceral hacia lo soso e invariable del “nuevo silencio”, cuyo muro sonoro siempre nos rodea. Las fallas eléctricas, hacen que se manifieste dicho muro, y a la vez, nos permiten sentir alivio y relajación de esas ondas sonoras de amplio espectro que impactan durante todo el día, si es que laboramos en tales lugares, a nuestros oídos, cuerpos, y mentes. Dado que hay problemas ecológicos que finalmente habremos de enfrentar con respecto al uso de la energía eléctrica, dicha disrupción acústica nos regala una enseñanza potencial, la cual ojalá sea tan poderosa como para inspirar a lxs arquitectxs e ingenierxs, a realizar cambios decisivos al diseñar edificios urbanos.

Como ya escucharon con anterioridad, Vancouver tiene marcas sonoras identitarias, así como las tienen otras ciudades del mundo. En 1977, como parte de nuestro nuevo programa de radio Soundwalking, para la Vancouver Co-operative Radio, mis amigas Joan Henderson y Ann Holmes, y yo, hicimos entrevistas callejeras sobre la sirena O Canada. Le preguntamos a la gente si ellxs la habían escuchado, qué pensaban de ella, y si tenía algún significado importante. En esa época, la sirena tenía un volumen terrible para los oídos, 108 decibeles diarios al mediodía desde su ubicación original, en la punta del antiguo edificio BC Hydro, y hasta tres calles más del sitio en donde grabábamos. Nos sincronizamos para registrar los testimonios 10 minutos antes y 10 minutos después del mediodia, para que el sonido de la sirena ocurriera en medio de las entrevistas.

Justo antes de las 12, Ann y Joan charlaban con una mujer joven, quien fue muy crítica en torno a la relevancia de nuestras preguntas. A decir verdad, era un tanto agresiva y muy poco condescendiente sobre cómo podíamos gastar nuestro tiempo, y el suyo, en una indagación tan insignificante, pues consideraba que debían investigarse otros asuntos mucho más importantes del mundo. Ella dijo: “¿Sabes? Estás hablando con alguien que tiene mucha consciencia social.” Y después, boom, la sirena se apagó. Silencio…

Ejemplo sonoro 7: Sirena O Canada, extracto de Soundwalking.

Al instante, cambió la actitud de la mujer. Su muro defensivo, y su agresividad, colapsaron, para dejar al descubierto a una persona profundamente vulnerable. El sonido de la sirena, literalmente, la impactó como un relámpago, y destruyó su armadura. Se quedó sin palabras. Al tratar de hablar, su voz se quebraba y se consumía ante su total asombro por su reacción tan intensa. Su tristeza parecía enorme, y se volvió una persona pensativa y reflexiva.

Fue difícil dejarla ir. ¿Cómo manejaría esa experiencia consigo misma durante el día? ¿Iría a estar bien?

Era obvio que las injusticias y las desigualdades sociales le preocupaban y estresaban desde hacía tiempo —ella, en efecto, era una persona con consciencia social—, pero la epifanía que le regaló la escucha, puso al descubierto su sensibilidad, la cual le permitió transitar de lo políticamente correcto y de su consciencia social, hacia sentimientos más profundos de dolor. Lamentaba la pérdida de los sonidos característicos de un Vancouver que ella amó.

Nuestros micrófonos de la radio, atentos escuchas, aquél día tenían la intención de crear una pequeña disrupción para que la gente pensase sobre el sonido cotidiano de la sirena O Canada. Esa fue nuestra intención desde el principio. Sin embargo, no esperábamos encontrar a una escucha con una sensibilidad tal, que produjese una reacción tan real y tan poderosa. Ésta es la clase de sensibilidad que el proceso de escucha devela sobre la realidad de nuestros paisajes sonoros. Ningúnx otrx entrevistadx mencionó el problema de la desaparición de ciertos sonidos en el paisaje sonoro del puerto de Vancouver, ni de sus implicaciones ecológicas.

Permítanme seguir por un minuto con el tema de la desaparición de sonidos. Mi colega desde hace años, Bernie Krause, ha capturado sonidos de la naturaleza desde los años 70’s, acumulando horas y horas de grabaciones de todo el mundo. Para el World Listening Day de este año, su contribución fue una serie de cuatro grabaciones hechas a 50 millas al norte de San Francisco, en el Sugarloaf State Park, lugar que con tremenda fuerza ilustra los problemas del cambio climático y del impacto de la sequía en California, a través de la biofonía del área a lo largo de 11 años.

Las grabaciones se representaron en un espectrograma con 4 ejemplos de 15 segundos —1 minuto en total—, referentes a los años 2004, 2009, 2014 y 2015. Según Bernie, las grabaciones se hicieron a mediados de abril, exactamente en el mismo punto, y bajo configuraciones calibradas y replicadas con mucho cuidado, empleando un mismo protocolo de grabación y el mismo equipo de audio en todas las ocasiones. Hasta el 2004, la densidad y diversidad sonoras de los 10 años anteriores es aparentemente similar: el sonido del arroyo cercano en la parte baja del espectrograma, y muchas y diversas especies de aves en la parte superior. Ahora, escuchen los cambios dramáticos que ocurrieron, desde 2004, a la densidad de los sonidos del agua y del canto de las aves.

Ejemplo sonoro 8 con espectrograma: Bernie Krause, Sugarloaf Park.

Durante este año, prácticamente, el silencio emana en el lugar, ante lo cual Bernie Krause afirma: “este es el resultado exacto de la predicción hecha por Rachel Carson en su libro Silent Spring, escrito hace más de 50 años.”

Vandana Shiva, activista de alto impacto en India, y que durante muchos años ha luchado por cambiar las prácticas y paradigmas sobre la agricultura y la comida, participó en junio de 2001 en la International Water Conference, aquí en Vancouver. En aquél entonces, yo estaba en conflicto porque no lograba concluir Attending to Sacred Matters, una composición mía. El discurso de Vandana anuló milagrosamente mi bloqueo, y la obra tomó un flujo tan claro como el agua. Reproduciré el extracto de mi obra donde incluí su voz.

Ejemplo sonoro 9: extracto de Attending to Sacred Matters.

La continua práctica de la escucha se convirtió en mi forma de vida, lo cual inevitablemente reveló y amplificó aquello que solemos ignorar o evitar. La escucha no sólo nos conecta con nuestro mundo interior, de ese lugar desde donde emana la inspiración sino que, y esto es todavía más importante, nos inspira nuevas ideas, y provoca cambios en la cualidad de nuestra conducta sonora, nuestra habla, y nuestra expresión musical. Michael Ende, en su libro Momo, describe dicha clase de escucha:

En otra ocasión, un niño pequeño llevó su canario porque ya no cantaba. Momo consideró esto una tarea muy difícil. Ella se sentó y escuchó al ave durante toda una semana hasta que comenzó a trinar y a cantar de nuevo.

Momo, una niña pequeña, es un personaje literario que simboliza a quien se niega a perder contacto con su percepción especial de la gente, y con el mundo que la rodea. Ella siente y percibe los peligros implícitos de una sociedad manipulada por los ocultos intereses y manejos de ciertos grupos. En su entorno social, los Hombres Grises fungen como representantes del Banco del Ahorro del Tiempo, en donde es el tiempo mismo aquello que se deposita y que luego, supuestamente, se devolverá al cliente con cierta tasa de interés. Momo no se involucra en los estresantes y frenéticos ritmos de dicha sociedad —la cual funciona como un perfecto ejemplo, aunque ficticio, de todo lo que he hablado hoy—. Momo es una persona que provoca, esencialmente, una delicada disrupción mediante su escucha.

Su poderosa percepción deviene supervivencia, cuando la disrupción en sí misma se convierte en una norma social, cuando se internalizan las condiciones de un mundo 24/7, cuando somos incapaces de frenar, cuando las disrupciones, invasiones y ruidos de aquello que llamamos vida moderna, se vuelven adictivamente necesarias. Es Jonathan Crary quien, con exactitud, describe la realidad de un mundo así:

Todxs, se nos dice —no sólo los negocios o las instituciones—, necesitamos “presencia en línea”, una exposición 24/7 para evitar la intrascendencia social o el fracaso profesional. La difusión de estos supuestos beneficios es un velo para, en realidad, transferir la mayoría de las relaciones sociales a sus formas monetizadas y cuantificables. Es también el giro de lo individual hacia condiciones donde sea imposible la privacidad, con lo cual cualquiera deviene un permanente espacio para la recolección y la vigilancia de datos. Acumulamos, entonces, un entramado de identidades sustitutas que viven 24/7, insomnes, continuas, y que no son extensiones del yo, sino meras suplantaciones… El empobrecimiento sensorial, la reducida percepción hacia lo habitual, y las respuestas maquinales, son el resultado inevitable de una persona alineándose a los múltiples productos, servicios y “amistades”, que a su vez consume, administra y acumula, durante el estado de vigilia.

Así, cuando me refiero a la disrupción en tanto detener lo rutinario, los hábitos, o los gestos, reacciones y comportamientos inconscientes, no necesariamente sugiero la vivencia de una disrupción violenta, o de un shock ocasional. En efecto, un sonido muy intenso puede impactar, desestabilizar y cambiar nuestros hábitos, tal y como lo atestiguamos con anterioridad. Para ser más precisa, lo que sugiero es convertir a nuestra escucha en una práctica continua, de tal presencia y atención, que con el tiempo invoque a un cambio dentro de nosotrxs y cuyo resultado, en algún momento, impacte sobre nuestro paisaje sonoro, sobre nuestra comunicación con lxs otrxs, y sobre la sociedad como conjunto. Que la escucha sea un estado de atención continua.

Cuando John Cage compuso su obra 4’33” produjo, en esencia, las condiciones para dicha escucha —al provocar asombro en los oídos de lxs asiduxs a conciertos, pues la obra no conectaba, de ninguna manera, con las expectativas y el deber ser de una ejecución musical en una sala de conciertos—. Al hacerlo, dio un codazo gentil a la escucha del público, con tal de que éste dirigiera su atención a cualquier otro sonido del entorno.

Él compuso 4’33” en 1952. Actualmente, quizá sin que sea sorpresivo, hay un surgimiento de obras, cada vez mayor, que invitan a volver más lento el paso de nuestras vidas, y a alterar nuestra percepción del tiempo. He de nombrar algunas obras más, por ejemplo, la Extreme Slow Walk de Pauline Oliveros, así como todas sus composiciones y ejercicios de Deep Listening, la Organ2/ ASLSP (As Slow aS Possible) de John Cage —cuya ejecución comenzó en 2013, y continuará hasta el 2020—. También están Longplayer de Jem Finer, diseñada para que se reproduzca durante 1000 años y, mientras hoy estamos aquí charlando, Max Richter compone Sleep, una canción de cuna de 8 horas. Estas obras invitan a que lxs escuchas se detengan, y a que escuchen con profundidad.

Ejemplo sonoro 10: extracto de Lighthouse Park, perteneciente a Soundwalking.

Lo anterior fue un extracto de Soundwalking, mi programa de radio, grabado en Lighthouse Park. Ustedes escucharon mi voz, mucho más juvenil, leyendo una cita de los escritos de nuestra compatriota Emily Carr. El programa se transmitió durante 1978/79, en la Vancouver Co-operative Radio. Mi intención original fue abrir los oídos de lxs escuchas hacia el paisaje sonoro local. Durante aquella época, no preví que Soundwalking fuese también una disrupción al tiempo radiofónico, tal y como se le suele concebir, debido a la escucha tradicional que hacemos de la radio. Incluso para la Co-op Radio, que ya tenía sonoridades y ritmos distintos de la CBC, o de la radio comercial, mi programa hizo mucho más lento el tiempo de transmisión.

El programa apenas y tuvo retroalimentación inmediata, por ejemplo, llamadas telefónicas, y sigo sin saber cómo habrá afectado a lxs escuchas. Años después, conocí a personas que reconocieron mi voz, o que recordaron cómo el programa provocó que detuvieran lo que estuvieran haciendo, para escuchar, ¡o que incluso se sentaran para relajarse! Sólo una persona, una escucha realmente enojada y exasperada, llamó durante una de las transmisiones para decir que mi programa debería llamarse Sleepwalking. ¡El paso lento del programa fue insoportable para ella!

Tomarse el tiempo para escuchar va en contra del actual status quo frenético y estresante del 24/7, en contra de la carrera por la riqueza y el éxito, contra nunca tener tiempo, y siempre estar completamente ocupadxs. En este contexto tan amplio, las caminatas sonoras devienen una práctica consciente para que aprendamos a cambiar nuestro andar en una sociedad que, veloz y peligrosamente, se sale de control. Somos afortunadxs al estar en esta conferencia: nos hemos regalado pequeñas oportunidades para reajustar nuestros oídos, nuestros cerebros, nuestros cuerpos y nuestras almas, al caminar, respirar y escuchar, durante esta hora. Jean Routhier invita hoy a una caminata sonora a las 2 p.m. Vayan, si es que jamás han tenido la oportunidad de asistir a una.

Podría hablar sobre las caminatas sonoras hasta que mi cara quedase azul, y ustedes seguirían sin realmente saber a qué me refiero. Las caminatas sonoras, al igual que la escucha, necesitan HACERSE. A partir de su hacer es que surge un conocimiento vivencial totalmente nuevo. Esto es lo que, precisamente, genera la naturaleza disruptiva de la escucha. Decidir hacerla, más que sólo hablar de ésta, es la primera disrupción a los viejos patrones. La experiencia de escucha durante las caminatas sonoras es lo que nos da, entonces, la comprensión visceral de lo que es, en efecto y en realidad, la naturaleza disruptiva de la escucha.

Ejemplo sonoro 11: Voz camello.

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Crédito de la foto: Peter Grant.

En este momento estamos en Vancouver, Canadá. Es 18 de agosto de 2015. Hemos estado juntxs en esta sala, escuchando. Gracias.

Referencias:

Hull, John. “Sound: An Enrichment or State”, in Soundscape – the Journal of Acoustic Ecology, Vol. 2, Number 1, July 2001, p. 10

Stocker, Michael. Hear Where We Are, Sound Ecology and Sense of Place (2013). Springer. p. xiii.

Crary, Jonathan. 24/7, Late Capitalism and the Ends of Sleep (2013). London: Verso. p.17.

Westerkamp, Hildegard. “Bauhaus and Soundscape Studies – Exploring Connections and Differences”, published in Anthologie: Multisensuelles Design, ed. Peter Luckner, Hochschule für Kunst und Design, Halle, Germany. 2002.

Krause, Bernie. Contribution to World Listening Day, July 18, 2015.

See: http://www.worldlisteningproject.org/2015/05/world-listening-day-2015-h2o/

Ende, Michael. Momo. 1984. Puffin Books. P. 22

Crary, Jonathan. 24/7, Late Capitalism and the Ends of Sleep (2013). London: Verso. p. 104

Oliveros, Pauline. Deep Listening, A Composer’s Sound Practice. Deep Listening Publications. 2005.

Cage, John. http://www.aslsp.org/de/

Finer, Jem. http://longplayer.org/listen/live-stream/

Richter, Max. http://www.cbc.ca/radio/asithappens/as-it-happens-monday-edition-1.3149670/composer-max-richter-wants-to-make-you-sleep-with-this-8-hour-lullaby-1.3149994

Traducido por: Neural Xólotl.

4 comments

  1. […] En un charla que tuvimos con Santiago Astaburuaga para preparar una presentación en el77, él comentó cómo al escuchar música solemos decir a alguien: «¡Escucha la batería de esa canción!» o «¡Escucha ese solo de guitarra!». Tales aseveraciones, aunque hacen a otra persona poner atención a elementos musicales que no solía percibir, siguen la lógica de lo escolar, a saber, «Esto es lo que debes atender y comprender como yo lo escucho y lo comprendo». Una idea similar es defendida por Hildegard Westerkamp cuando afirma que la orden de escuchar sólo … […]

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