«Las 10 tesis preliminares sobre la Investigación Sonora Militante» por Ultra-Red

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Traducción del LML. 
Descarga aquí el texto original en inglés.

Preludio

Era el crepúsculo. ¿Lo recuerdas? Anochecía, y el viento vespertino golpeaba las pancartas. Nuestra demanda: ______________________________. ¿Qué escuchaste? Dos horas de discursos amplificados de lxs líderes del movimiento, de lxs representantes, y de todxs aquellxs que supuestamente saben más que nosotrxs, hicieron eco gracias a las construcciones en el centro de la ciudad. Cuando dieron la señal, cinco mil personas se movilizaron por las calles, y nuestras consignas se adhirieron a sus pronunciamientos. Nuestro destino era otro sistema de amplificación, y otro programa discursivo. Al hacer un análisis de los ecos que habitamos, ¿qué escuchamos?

1

Tesis: El campo sonoro es el lugar y el medio de la Investigación Sonora Militante. Independientemente de si una grabación es análoga o digital, ésta da forma objetual a un campo sonoro indiferenciado. Gracias a las partículas magnéticas y al código binario, cualquier experiencia que registre una grabación queda disponible para repetirse y analizarse. Lo que en un principio sonaba como meros registros indiferenciados, adquieren una textura distinta en torno de su audibilidad a partir de la repetición y del análisis. Es como si la necesidad, la demanda y el deseo, se tradujeran a algo en concreto. La Investigación Sonora Militante, en palabras simples, deriva de una práctica de escucha que intercede a partir de una presunta fidelidad en las grabaciones de audio. El análisis del registro de la necesidad, la demanda y el deseo, comienzan al hacer un primer corte a la grabación. Dicho acto, al considerarlo una suerte de edición, ayuda a diferenciar los términos internos de un campo sonoro, con respecto a los que se escucharon en tiempo-real.

2

Tesis: El micrófono facilita la escucha analítica —al amplificar, dirigir, organizar, disminuir, agudizar y mediar, nuestro deseo por escuchar. El micrófono, en tanto dispositivo amalgamado en torno a unos audífonos y a un mecanismo de grabación, es un instrumento para escuchar al campo indiferenciado de la necesidad,  la demanda y el deseo. La escucha se organiza en nombre del micrófono. Éste, sin embargo, no tiene por qué ser el único medio para poner en práctica una escucha analítica. Unas hojas de rotafolio y unos plumones, poseen capacidades idénticas. Dichas tecnologías organizan una colaboración, a partir de una práctica de escucha analítica que llamamos pedagogía del oído.

3

Tesis: El equipo de Investigación Sonora Militante se reúne por una necesidad compartida. Lxs organizadorxs, investigadorxs y artistas sonorxs, están unidxs por la curiosidad, la amistad y el amor. Esta profunda necesidad puede, por sí misma, convertirse en aquéllo que catalice una investigación. Reconocerse en esta afiliación, representa el primer corte que se le inscribe al campo indiferenciado de la necesidad, la demanda, y el deseo. Cada corte es una oportunidad para diferenciar, reconocer, y organizar, al campo sonoro. Escuchar la necesidad, así como cuestionarla e interrogarla durante el curso de la escucha, demarca un contorno al campo sonoro ilimitado. Por lo tanto, la Investigación Sonora Militante convoca a organizar el silencio desde el cual comienza.

4

Tesis: La investigación está condicionada por una organización colectiva de las demandas, y no concluye con una demanda. El impulso de sacar un micrófono de su caja y apretar el botón «GRABAR», acarrea responsabilidades. Si la Investigación Sonora Militante graba sólo cuando se articula su demanda, siempre lo será demasiado tarde. Si el equipo que conforma a la investigación usa al micrófono —o a cualquier otro dispositivo—,  para grabar solamente a la demanda, es que no se está escuchando con precisión. En lugar de privilegiar exclusivamente a la demanda, el micrófono tiene la capacidad de guiar a lxs investigadorxs al silencio. Este llamado, corrige la tendencia a quedar inmóviles ante las demandas que no generan resonancias con la curiosidad, la amistad, o el amor, que unen al equipo. A partir de la escucha, un equipo transita hacia la demanda. Ésta, sin embargo, no debe desajustar a la afiliación, pues el análisis aún no ha terminado. El micrófono no representa una posición objetiva en torno a un conflicto político. A pesar de nuestro anhelo en torno a la tecnología como un algo que nos dota de una posición desinteresada, el micrófono no se coloca fuera del conflicto, ni lo representa de forma desapasionada. Más bien, el micrófono y la escucha se organizan como parte de las condiciones que producen un conflicto. Por lo tanto, la escucha es un lugar para organizar una política. Para ayudar a la mejor conceptualización de este proceso, hemos escrito la siguiente fórmula: campo sonoro + organización = paisaje sonoro.

5

Tesis: El silencio es la causa objeto del deseo por escuchar. Quienes sostienen un micrófono, escuchan la interioridad del espacio-tiempo del silencio. La organización del campo sonoro, exige que el equipo de Investigación Sonora Militante escuche desde el deseo y, siempre, más allá de los límites de sus propias necesidades. Cuando lxs investigadorxs sacan el micrófono de su caja, y ponen al aparato a GRABAR, lo que se genera es un recordatorio-residuo. Tal recordatorio-residuo es el medium de la inter-subjetividad. El recordatorio-residuo es una expresión de la confianza, la cual se refiere a permanecer juntxs, durante un periodo de tiempo, sin una demanda. La confianza en/es el proceso. Bajo el deseo de generar cooperación, la Investigación Sonora Militante ayuda a que se atraviesen localidades, identidades, y límites disciplinarios. La pedagogía del oído, afinada con delicadeza a partir de una lógica afectiva, predispone a que se conforme una colaboración que escuche al recordatorio-residuo de la demanda más allá de la necesidad, y al recordatorio-residuo del deseo más allá de la demanda. Desde esta perspectiva, nos referimos a una investigación que se conforme desde el paisaje sonoro del conflicto.

Interludio.

Convocamos a una reunión. Intervenimos en silencio. Se organiza al silencio: ¿Qué escuchas? ¿Cuándo estuviste aquí por última vez? ¿Cuál es la relación entre este lugar, y las calles que están más allá? Hacemos recolecciones en el curso de la escucha. La escucha es nuestra agenda, y nuestro método. Los dispositivos varían. Algunos días es un micrófono. En otras, es un rotafolio, papel, y plumones. Siempre se sitúa en el silencio. Cada encuentro es una petición de confianza. Cada acto de confianza es un encuentro. Lo que importa es que tenemos un registro: en papel, en grabación de audio, o una experiencia. Nuestrxs colaboradorxs, y nosotrxs, entramos en crisis cuando la coordinación se debilita, debido a la existencia de las demandas pre-inscritas. Las condiciones de un análisis determinan las condiciones de una intervención, y sucede que las condiciones de nuestrxs patrocinadorxs, jefxs, consejos directivos e ideólogxs, se terminan en algún momento. Las intervenciones en curso cada vez son más ineficaces. Sin embargo, nuevamente nos construimos, gracias a todo lo que escuchamos en nuestras investigaciones: necesidades, demandas y deseos.

El periodo de nuestra colaboración estaba previsto. Si volvemos a la calle no es un final, sino otro lugar para investigar, y una oportunidad para escuchar nuevamente. Cada nuevo lugar es un campo indiferenciado para investigar, pues es posible reunir e involucrar a su alrededor un conjunto de necesidades, demandas, y deseos. Siempre que obtenemos una grabación, hacemos una composición. Lo anterior no es repetir un análisis. Más bien, es una re-escucha influida por la creciente comprensión de las condiciones que definieron los lugares, y los momentos, de nuestras reuniones. Son composiciones porque aplican un conjunto de procedimientos definidas colectivamente, cuyos resultados y procesos se examinan con mucho cuidado, e incluso, se renovan. Estas composiciones, son las preguntas y los tópicos para la siguiente fase de investigación. Grabamos de nuevo. Revisamos la grabación. Grabamos, componemos, revisamos. Cada composición, da como resultado un protocolo de investigación que se desarrollará en organizaciones, hogares, instituciones, parques, plazas, y en la calle. Gracias a este proceso, construimos un futuro en el que ya no seremos necesarixs.

6

Tesis: Puede decirse que la participación como forma de valor, abarca a las diez tesis, y define a la Investigación Sonora Militante en un sentido negativo. De forma preliminar, la Investigación Sonora Militante, en tanto práctica de organización, se delinea a partir de diez condiciones: 1) el campo sonoro como un lugar y un medio, 2) el uso de un dispositivo, 3) la definición de una necesidad, 4) de una demanda, 5) de un deseo, 6) la negación de la participación como forma de valor, 7) una relación con el eco, 8) la duración, 9) la crisis, y 10) la jerarquía como técnicx del silencio. La sexta condición, la participación como forma de valor, se refiere a una ideología que actualmente emerge debido al cómo se performan ciertas prácticas sociales y políticas, las cuales suelen desentenderse ante cualquier reclamo a sus propios pronunciamientos. Por ejemplo, el activismo que convoca a activar un lugar cuando, prácticamente, el escenario pareciera que se preparó con antelación a la llegada de lxs activistas. Así, el activismo inicia una investigación que compone análisis fijos, los cuales posteriormente derivan en acciones participativas. El activismo asume una división sujeto/objeto: aquellxs que actúan como patronxs ideológicxs, y aquellxs que necesitan de un patronato. Define a la subjetividad política como aquélla que la investigación le brinda a lx otrx. El activismo asume que, antes de la escucha, sus agentes ya están organizadxs. El activismo se ancla con firmeza a un conocimiento en el que jamás se puede saber cuándo guardar silencio —el silencio significa fracaso político. El activismo usa al micrófono para amplificarse a sí mismo. El activismo sólo da prioridad a la acción sola. La suma de dichas disposiciones, constituye a la participación como forma de valor.

7

Tesis: Unx puede reconocer a lxs patronxs ideológicxs por los ecos que esconden. En la participación como forma de valor, la voz de xn patronx resuena pura e inmutable. Al escucharlo, dicho eco confirma que la/el patronx ideológicx ha envuelto a lx otrx a partir de un análisis que se compuso antes del encuentro. El eco de la voz de xn patronx afirma a lx otrx como carente y demandante de la intervención de xn patronx. En esta relación social, el micrófono se asemeja a un mazo que simplemente amplifica las condiciones establecidas para un análisis, que produce demandas sin haber escuchado, y que insiste en una sola forma de intervención —la interminable repetición de una demanda ya sellada. Las condiciones del análisis determinan las condiciones de la intervención. La Investigación Sonora Militante escucha de forma distinta a las resonancias-ecos. En una representación sonográfica, las resonancias-ecos comparan distancia y duración, para dar cuenta de la materialidad de un sonido. Es en este sentido que la Investigación Sonora Militante, precisamente, sostiene que escuchar un campo sonoro es el lugar y el medio para la organización de una política.

8

Tesis: La Investigación Sonora Militante lucha por el tiempo para organizar un campo sonoro. El activismo reacciona a las crisis con velocidad, mientras que el organizarse produce intervenciones al desacelerar el tiempo. La duración es uno de los atributos irreducibles tanto de la grabación, como de la escucha del campo sonoro. A lo largo del tiempo, unx escucha cómo se organiza un lugar. La escucha analítica multiplica el tiempo de grabación, o de reproducción, de un campo sonoro. En consecuencia, una hora de grabación, o una hora de reproducción, se convierten en múltiples horas de investigación que abren paso al surgimiento del paisaje sonoro. Así, a nuestra fórmula anterior —campo sonoro + organización = paisaje sonoro—, agregamos: paisaje sonoro x duración = paisaje sonoro del conflicto. La Investigación Sonora Militante sobrepasa al tiempo-real. Cuando unx escucha a algo, el tiempo se hace más lento. Tal es la sintaxis del sonido.

9

Tesis: La Investigación Sonora Militante —con sus protocolos de escucha— tiene el potencial para que entren en crisis la investigación, sus colaboradorxs, y la organización. Si el micrófono graba un lugar que se organiza, cualquier idea preconcebida sobre la investigación, y cuyo núcleo asuma que dicho lugar ya está por completo organizado, entrará en crisis. Cómo maneja la crisis un equipo, se convierte en la ideología de la Investigación Sonora Militante. Al confiar, se hará posible el engranaje productivo de las contradicciones internas que surjan durante el proceso colaborativo, al cual convocó la investigación. La crisis de las contradicciones tiene usos pedagógicos: la re-organización del deseo. Sin embargo, dialécticamente, hay peligros profundos que acompañan a la crisis: en específico, lo inevitable de la revelación.

10

Tesis: La voz inicial de la investigación —la investigación militante— decae con el tiempo. Para negar su jerarquía como patronxs ideológicxs, lxs investigadorxs militantes se organizan a sí mismxs como técnicxs del silencio. Lxs integrantes del equipo de investigación, no son lxs héroes/heroínas de la escucha analítica. Con el tiempo, el equipo se vuelve irrelevante porque los vínculos de cooperación tienden a organizar y re-organizar un campo. Cuando la pedagogía del oído se bloquea en el equipo de investigación, otras personas asumirán la misión de organizar el silencio. La llegada de nuevxs técnicxs del silencio, favorece el surgimiento de composiciones a partir de las contradicciones, idean nuevas estrategias de escucha a partir de las composiciones, y perciben las contradicciones gracias a un proceso riguroso de escucha. Al abandonarse, el equipo se enfrenta a la amenaza de apegarse a tal o cual vanguardia de patronxs ideológicxs. Si el equipo resiste, hará un bien a su promesa de ser técnicxs del silencio, y logrará revelar/descubrir su posición pedagógica.

Epilogo

Pronto llegará el crepúsculo. La demanda que se presenta a la ciudad aglomerada, se materializará como el resultado de un proceso destinado, de forma simultánea, a la constitución misma de una aglomeración, así como a la de la demanda en sí. En este momento, todavía no existimos. En un lugar y tiempo que están por venir, miles de personas se unirán bajo una necesidad individual, y para rechazar su alienación ante la estela de las maquinarias ideológicas y represivas. La catarsis que pretende ser una política, al final, no garantiza ningún remedio para la alienación, sino que sólo es un placebo llamado participación como forma de valor.

Entonces, el equipo de Investigación Sonora Militante ingresa en la situación, cobijado por un sistema megafónico. El equipo andará a través de la aglomeración, invitando a  que las personas que estén allí se congreguen. Se lanzarán preguntas: las preguntas creadas en dicho lugar, así como aquellas que se desarrollaron durante los procesos de alianza con las comunidades en conflicto. Unx puede imaginar cómo surgen aquéllos cientos de preguntas en las investigaciones de Marx sobre lxs trabajadorxs, emanando tan solo de esta serie de encuentros. En lugar de un cuestionario, el equipo adoptará la forma de una partitura. Las preguntas en la partitura se asemejarán a una composición, cuya base sean todas las problemáticas pronunciadas durante las investigaciones que se realizaron en otro espacio-tiempo. Se convoca a una congregación espontánea en la plaza pública, o bien, debajo de cualquier escultura pública modernista. Con micrófonos en mano, lxs miembrxs del equipo graban con esmero las reacciones grupales a las preguntas. Tanto las reacciones al analizar las preguntas, como la predisposición o la negativa a responder, adquirirán significado. Mientras tanto, un sistema de sonido amplificará un discurso tras otro, y todos los grupos trabajarán a partir de la partitura, desmenuzando los temas contenidos en el interior de las resonancias.

Más tarde, la movilización masiva alcanzará su solipsístico final. No lejos de allí, el equipo de Investigación Sonora Militante comparará los registros de las discusiones. Se escribirá un análisis (con bibliografía), y se redactarán propuestas basadas en los temas que emergieron en las discusiones grupales. Estos temas producirán nuevas composiciones —obras sonoras, teatro callejero, diseños gráficos, folletos, o contra-cantos (counter-chants)— que se reincorporarán al espacio de otras reuniones, así como a movilizaciones masivas con forma de valor. Estas composiciones obligan a dos cosas: 1) No se leerán sin haberse analizado, siendo ésta la definición de escucha, y 2) Al leer y analizar las composiciones, quienes escuchen se organizarán a sí mismxs para encontrar nuevas maneras de estar juntxs. Fuera de este encuentro, las acciones alternativas o contrarias al mismo, se planearán de manera distinta a la participacion como forma de valor, la cual reduce la participación a una mera identificación con el/la patronx ideológicx. Si bien no podemos conocer ahora la demanda precisa que la investigación va a performar, sí sabemos que la organización de la demanda decretará una negativa sonora a la participación como forma de valor.

Nota al pie:

El discurso del desarrollo comunitario utiliza el término “participación simbólica” para dar significado a la co-optación de la participación básica: toda contribución de las comunidades sólo tiene valor simbólico. Para estas comunidades, dicho “valor simbólico” es ambiguo. Si unx es caritativx, unx es consideradx simbólicx sólo para quienes, por sí mismxs, se someten a la participación. Esta “tiranía” actual de la participación, requiere un análisis más riguroso de cada una de las condiciones operativas  que se encuentran al interior de su crítica —un análisis que tome como objeto primario de esta crítica al concepto antropológico de cultura, tal y como alguna vez lo argumentó Freire.

Para dirigirnos hacia la concepción rigurosa del “valor simbólico”, hemos de comenzar interviniendo la conjunción y la formulación de ambos conceptos. Para tal fin, haremos bien en distinguir, por un lado, los tipos de conocimiento que producen los rituales de participación, y por el otro, el conocimiento que se genera al organizar una investigación. El psicoanálisis lacaniano nos ayuda a comprender esta distinción, a partir de las formas simbólicas de conocimiento versus las imaginarias. En dicha distinción, la participación simbólica (y el conocimiento que ésta produce), no significa el tipo de valor que suele atribuírsele a la participación, tal y como se practica desde el aparato ideológico del desarrollo político-económico. En dicho mundo, el consentimiento liberal de los conflictos anti-coloniales (conflictos que cuestan muchas vidas, y que conducen a la crisis a muchos regímenes represivos), ha resultado en demandas ritualísticas desde donde las esperanzas y los miedos de las “poblaciones blanco”, son cumplidas por medio de sistemas de administración y de control. Así, el propósito de tales performance de la participación no es la organización emancipatoria de las esperanzas y de los miedos, sino tan sólo su extracción como forma de valor. Dicha extracción adquiere su significado a partir de una gramática sofisticada para cualquier esfera social, esfera que antes estaba sacudida por la resistencia y por el conflicto, pero que ahora está controlada en bien del Estado.

Al des-vincular a lo simbólico del valor, entendemos al primero como un entramado inter-subjetivo de significantes, a través de los cuales los sujetos producen significado y actúan en el mundo. El término clave aquí es inter-subjetivo: allí donde dichxs sujetxs producen significados, y actúan en concordancia con tales producciones, a su vez lo producen en tanto entidades incompletas que no se conocen del todo a sí mismxs, ni entre ellas. Así, lo simbólico da cuenta de los registros conscientes e inconscientes de una experiencia, y del significado creado a partir de ella. Por esta razón, una demanda siempre incluye tanto a las articulaciones conscientes que responden a las necesidades, como al recordatorio-residuo indivisible denominado deseo. Con esto no queremos decir que no emerja conocimiento alguno de tales rituales de participación, a partir de los cuales lxs sujetxs se identifican con la voluntad del Estado, con la corporación no-lucrativa de desarrollo social, con la organización no-gubernamental, o con la institución encargada de administrar una crisis. La participación, en tanto forma de valor, produce un tipo de conocimiento muy específico. Dicho conocimiento alinea al sujeto con las condiciones del Amo. En otras palabras, al contrario de la participación simbólica que cuestiona a las múltiples demandas de la significación (“¿Soy yo quien tú dices que soy?”),  la participación como forma de valor produce todo tipo de identificaciones imaginarias (“Soy un producto de los deseos del Amo por obtener conocimiento”).

Cuando Ultra-Red habla de la forma de valor de la participación, lo hace desde el discurso Universitario; en éste, la verdad no-dicha es un Amo significante enmascarado, y que se halla detrás de la agencia de un conocimiento (del deseo del Amo por saber, por subjetivar, y por colonizar). Aunque con la participación inter-subjetiva (o en términos de Freire, dialógica), esa verdad escondida es, más bien, el objeto causa de deseo —el cual, en la pulsión invocante, es el objeto voz; el objeto causa de deseo por escuchar. El conocimiento es, entonces, aquello que se produce —conocer la verdad del deseo inconsciente de unx. Como resultado, el/la sujetx divididx actúa sobre el significante del amo cuestionándolo, interrogándolo, y poniendo a prueba sus límites. ¿Y qué es lo que se produce al actuar sobre el significante del amo (allí donde la acción ocurre a través de, y junto con, el reflejo)? Se produce el conocimiento de lo simbólico.

Haríamos bien en recordar que, de acuerdo a los cuatro discursos de Lacan, el discurso del Analista es el opuesto del discurso del Amo. De forma similar, el discurso del Histérico es el opuesto (una atracción hacia la crisis) del Universitario. En éste, el significante del Amo (la verdad poseída por el Amo) acecha detrás del conocimiento al actuar sobre los deseos del Otro, dando por resultado a un sujeto estampado con la impresión del significante del Amo. Si este análisis invocase a la imagen de una fábrica, podemos pensar en el término “fábrica de conocimiento”, descriptor tanto de los procesos que interpelan a los sujetos, como de un modo particular de sobreproducción sobre las bases del valor. Pero este análisis no debe reducirse, en específico y solamente, a la institución universitaria. El discurso universitario, tal y como lo analiza Lacan, captura la operación de la interpelación, en términos de Althusser, a partir de cualquier Aparato Ideológico del Estado —ya sea que dicho aparato asuma el marco institucional de la universidad, la iglesia, la unión contractual, la familia, la ley, el museo, o cualquier sociedad civil institucional que maneje al Otro en bien del Estado. La pregunta es: quienes han sido enaltecidxs por estas instituciones, ¿resuelven sus demandas histéricas al establecer un nuevo aparato que termina por manipularlxs o, acaso, ejecutarán su capacidad utópica y una transición desde lo Histérico hasta el Análisis, es decir, del deseo como verdad oculta de una agencia, hacia el deseo como un agente? Si organizar a la participación tiene cualquier otro efecto más allá de su mero valor, entonces contribuirá, precisamente, a dicha transición.


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